El silencio incómodo del ascensor
En el ascensor compartimos una cercanía corporal que no hemos elegido. El silencio, la mirada y el saludo mínimo permiten convivir sin convertir esa proximidad en intimidad.
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Velázquez no entrega al espectador una escena cerrada: lo coloca en el lugar hacia el que convergen las miradas y donde quizá están los reyes. Ver se convierte así en ocupar una posición, recibir una autoridad y descubrir que toda imagen organiza también a quien la contempla.