Un volumen colectivo no ofrece una teoría única del mundo. Ofrece algo quizá más fiel al estado de la metafísica contemporánea: un mapa de desacuerdos bien definidos. Oxford Studies in Metaphysics: Volume 14, editado por Karen Bennett y Dean W. Zimmerman y publicado en línea por Oxford University Press el 3 de abril de 2025, reúne trabajos sobre necesidad, tiempo, cantidades, partes, objetos, causalidad e infinitos actuales.

La pregunta que enlaza asuntos tan distintos no es simplemente «¿qué existe?». También importa qué hace que algo sea posible o necesario, qué estructura es fundamental y qué explicaciones aceptamos cuando la realidad desafía nuestras categorías habituales. El interés filosófico del libro está precisamente ahí: las viejas preguntas no han desaparecido, pero ahora se formulan en conversación estrecha con la lógica, la física y la teoría de la causalidad.

Posibilidad: ¿hay conexiones necesarias en la realidad?

La primera parte vuelve sobre una máxima asociada a Hume: no hay conexiones necesarias entre existencias distintas. Dos cosas pueden aparecer regularmente unidas —el fuego y el calor, una causa y su efecto—, pero ¿hay en la realidad algo que obligue a que una acompañe a la otra? ¿O la necesidad procede de nuestras leyes, conceptos o hábitos de inferencia?

James Van Cleve examina si esa separación radical puede sostenerse. La dificultad es profunda. Si toda entidad es metafísicamente independiente de las demás, parece que cualquier distribución de propiedades podría combinarse con cualquier otra. Pero nuestras explicaciones científicas y causales suelen aspirar a más que registrar coincidencias: pretenden decir por qué ciertos acontecimientos no podían desarrollarse de cualquier manera.

El problema reaparece en el capítulo de David Builes y Michele Odisseas Impagnatiello sobre el presentismo, la tesis según la cual solo existe el presente. La física suele considerarse favorable al eternalismo, para el que pasado, presente y futuro forman parte de la realidad. Los autores invierten parcialmente el argumento: si las leyes fundamentales son markovianas —si el estado presente basta para determinar las probabilidades del futuro, sin una influencia causal adicional del pasado—, ciertas versiones no humeanas del presentismo podrían explicar mejor esa estructura.

La lección no es que la física haya demostrado que solo existe el presente. Es metodológica: la metafísica ya no puede limitarse a declarar qué mundos son concebibles; debe explicar por qué las leyes tienen la forma que tienen y qué ontología hace inteligible esa forma. La posibilidad queda así vinculada a la explicación.

Fundamento: ¿de qué está hecha una descripción verdadera?

La segunda parte pregunta qué compromisos ontológicos exige describir el mundo. Las cantidades físicas —masa, longitud, temperatura— parecen rasgos perfectamente objetivos. Sin embargo, sus valores dependen de escalas y unidades, y distintas formulaciones pueden representar la misma estructura. Mahmoud Jalloh estudia cómo ciertas simetrías ayudan a distinguir lo que pertenece a la realidad de lo que depende de nuestra representación. La pregunta por lo fundamental no consiste entonces en buscar el vocabulario más pequeño, sino en separar estructura invariante y convención descriptiva.

David Liebesman examina las cosas parciales: aquello que es una parte incompleta de otra cosa o que puede ser descrito sin coincidir sin más con un objeto ordinario. El problema parece técnico, pero toca una intuición central. Dividimos el mundo en unidades —esta mesa, este organismo, este acontecimiento— y luego hablamos de sus fragmentos. ¿Descubrimos articulaciones que ya estaban ahí o imponemos cortes útiles sobre una realidad menos ordenada?

Jason Turner lleva la duda al extremo mediante una versión global del nihilismo ontológico: la posibilidad de describir una realidad sin objetos individuales. Su propuesta no se descarta simplemente alegando que es extraña o poco parsimoniosa. El obstáculo decisivo es explicativo: aprendemos el mundo por partes, encontramos unas cosas antes que otras y construimos conocimiento localmente. Una metafísica sin objetos debe explicar cómo una realidad descrita «de una sola vez» puede sostener ese acceso fragmentario.

Aquí aparece una tensión fecunda. Una ontología muy austera puede reducir compromisos, pero perder capacidad para explicar nuestra relación epistémica con el mundo. Preguntar qué es fundamental no equivale a premiar siempre la teoría que postula menos entidades; también exige preguntar qué estructura hace posible que conozcamos, comparemos y corrijamos nuestras descripciones.

Infinito y causalidad: cuando cada paso parece inocente

La última parte adopta la forma de un simposio sobre nuevos casos de Zenón. Daniel Nolan imagina secuencias infinitas de agentes capaces de producir resultados desconcertantes: puede aparecer un efecto aunque no haya un miembro concreto de la serie al que atribuirlo del modo habitual. Alex Kaiserman, Ofra Magidor y John Hawthorne discuten cuánto debemos extraer de esos escenarios, también cuando se trasladan a la causalidad jurídica.

Estos experimentos no buscan entretener con paradojas extravagantes. Ponen a prueba un supuesto cotidiano: si un resultado ocurrió, debe haber una historia causal compuesta por contribuciones identificables y ordenadas. En una secuencia infinita, cada paso puede parecer admisible y, sin embargo, el conjunto generar consecuencias que ningún paso aislado explica. El desacuerdo abierto es si eso revela la imposibilidad de ciertos infinitos físicos, una insuficiencia de nuestro concepto de causa o solo una confusión producida por describir mal el caso.

El punto filosófico general es que la coherencia local no garantiza la coherencia global. Una metafísica adecuada tiene que conectar ambas escalas. No basta con inspeccionar cada elemento de una serie; hay que justificar también las reglas mediante las que la totalidad produce, o no produce, un acontecimiento.

Una disciplina de preguntas abiertas

El volumen no ofrece un fundamento último compartido. Más bien enseña por qué esa ausencia no vuelve ociosa a la metafísica. Hay progreso cuando una alternativa queda formulada con mayor precisión, cuando una teoría explica un rasgo que su rival daba por supuesto o cuando un caso límite revela el coste oculto de una intuición.

Siguen abiertas, al menos, tres preguntas. ¿La necesidad pertenece al mundo o a nuestras mejores descripciones? ¿Puede una ontología ser más fundamental si explica menos acerca de cómo accedemos a la realidad? ¿Qué debe cambiar —la realidad admitida, la causalidad o la lógica de nuestras explicaciones— cuando los infinitos producen resultados paradójicos?

La metafísica contemporánea que aparece aquí no pretende contemplar la realidad desde ningún lugar. Trabaja comparando costes explicativos: qué admite cada teoría, qué deja sin explicar y qué posibilidades excluye. Su tarea no es clausurar el asombro, sino evitar que las palabras «realidad», «fundamento» y «posibilidad» funcionen como respuestas antes de haberse convertido en problemas.

Fuentes

- Oxford Studies in Metaphysics: Volume 14, ficha oficial, resumen e índice completo — Oxford Academic.

- «An Empirical Argument for Presentism», David Builes y Michele Odisseas Impagnatiello — Oxford Academic.

- «On Doing Without Ontology: Feature-Placing on a Global Scale», Jason Turner — Oxford Academic.

- «Send in the Clowns», Daniel Nolan — Oxford Academic.