Aviso: esta lectura revela elementos importantes del argumento.
En Rashōmon (1950), dirigida por Akira Kurosawa, un bandido, una mujer, el espíritu de un samurái muerto y un leñador ofrecen relatos incompatibles sobre una violación y un asesinato en el bosque. No discrepan solo en detalles secundarios: cada versión modifica quién atacó, quién pidió matar, quién actuó con valor y cómo murió el samurái. Si una de ellas es cierta, las demás no pueden serlo del mismo modo.
La película no convierte ese conflicto en un acertijo que el espectador pueda resolver cómodamente. Su pregunta es más difícil: ¿qué ocurre con la justicia cuando los únicos caminos hacia los hechos son personas que también tienen razones para deformarlos?
Perspectiva no significa que todo sea verdad
Cada testimonio organiza el pasado desde una posición distinta. Eso permite hablar de perspectivas, pero no obliga a aceptar que todas sean igualmente válidas. Los relatos contienen contradicciones lógicas: no pueden describir simultáneamente el mismo acontecimiento tal como ocurrió. Hay un hecho, aunque la película nos niegue un acceso seguro a él.
Esta distinción evita una lectura relativista demasiado rápida. Rashōmon no dice que la verdad dependa simplemente de quien habla. Muestra que conocerla exige reconstruirla a partir de declaraciones parciales, silencios y gestos interesados. La dificultad epistemológica —no saber con certeza— no elimina la diferencia entre verdad y mentira.
Kurosawa lo expresa también con la forma cinematográfica. Cada recuerdo se presenta como una escena completa, visible y convincente. La cámara no añade una señal que separe el testimonio fiable del falso. Vemos con la misma intensidad versiones incompatibles y descubrimos así una debilidad de nuestra mirada: tendemos a conceder realidad a un relato cuando está bien construido, aunque su coherencia narrativa no pruebe que ocurrió.
No solo recordamos: nos representamos ante los demás
Los personajes no parecen limitarse a recuperar un recuerdo defectuoso. En cada relato construyen una imagen de sí mismos que pueden soportar. El bandido desea aparecer poderoso; el samurái preserva su honor incluso después de muerto; la mujer intenta dar sentido a la humillación y al abandono; el leñador oculta aquello que compromete su aparente inocencia.
El testimonio tiene, por tanto, una doble dirección. Habla sobre el mundo, pero también presenta al hablante ante los demás y ante sí mismo. Cuando contamos una acción propia, escogemos qué motivos destacar, qué circunstancias convertir en excusa y qué rasgos deseamos que definan nuestro carácter. El autoengaño puede comenzar precisamente ahí: no siempre inventamos conscientemente una falsedad; a veces ordenamos los hechos hasta que nuestra conducta resulta aceptable.
La película no concluye que todos sean monstruos ni que ninguna palabra merezca confianza. Señala algo más cotidiano: la identidad moral influye en la memoria. Queremos que lo ocurrido confirme que fuimos valientes, víctimas, personas decentes o, al menos, menos responsables de lo que tememos. Por eso escuchar testimonios exige atender tanto a lo que narran como a la posición desde la que se narran.
Juzgar sin una mirada omnisciente
La justicia necesita decisiones, pero rara vez dispone de una cámara neutral situada fuera de todas las perspectivas. Depende de declaraciones, indicios materiales, contradicciones, reglas de prueba y procedimientos que permitan contrastar versiones. Rashōmon recuerda por qué no basta con elegir el relato que emociona más o encaja mejor con nuestras expectativas.
Esto no justifica suspender indefinidamente todo juicio. Del hecho de que una certeza absoluta sea imposible no se sigue que todas las conclusiones tengan el mismo apoyo. Podemos comparar consistencia, corroboración, incentivos para mentir y compatibilidad con las pruebas. La objetividad no consiste en observar desde ninguna parte, sino en someter cada perspectiva a controles que no dependan solo de ella.
El final introduce, además, una tensión moral que no resuelve el problema de conocimiento. El leñador, cuya versión también queda dañada por una ocultación interesada, decide hacerse cargo de un bebé abandonado. Su acción no demuestra que su testimonio fuera verdadero ni borra su falta anterior. Sí impide reducir a una persona a la peor interpretación disponible. Podemos ser poco fiables al contar quiénes fuimos y, aun así, responder de otra manera ante lo que debemos hacer ahora.
La lluvia termina, pero la verdad del crimen no aparece despejada. Lo que cambia es la posibilidad de actuar con responsabilidad sin poseerla por completo. Tal vez esa sea la propuesta más sobria de Rashōmon: reconocer la fragilidad del testimonio no para renunciar a la verdad, sino para investigar con más cuidado, juzgar con más modestia y vigilar los relatos con los que protegemos nuestra propia imagen.
Ficha, fuentes y visionado legal
- Título: Rashōmon.
- Dirección: Akira Kurosawa.
- Guion: Akira Kurosawa y Shinobu Hashimoto, a partir de relatos de Ryūnosuke Akutagawa.
- Reparto principal: Toshirō Mifune, Machiko Kyō, Masayuki Mori y Takashi Shimura.
- Año y duración: 1950, 85 minutos.
- Ficha y sinopsis: Janus Films — Rashomon y The Criterion Collection — Rashomon.
- Visionado legal en España: Filmin — Rashomon. En la comprobación del 23 de octubre de 2026 figuraba disponible en su catálogo; requiere la modalidad correspondiente.
- Comprobación adicional de disponibilidad: JustWatch España — Rashomon. Los catálogos y condiciones pueden cambiar.