La justicia es el nombre que los débiles dan a su sometimiento. (s. V a.C.)
¡Hola, chicos!
¡Menudos tardones! ¿Dónde os habíais metido todo este tiempo? Locke, ¿otra vez rebuscando por el camino?"
¡No lo dudes!
¿Y tú, Calicles? ¿Cuántas palizas has dado antes de llegar hasta aquí?
Por lo menos una. ¡Te lo puedo asegurar!
Pensábamos que, finalmente, os habíais ido a clase.
¿A clase? ¡Estás chalada! Con el día de ayer he tenido bastante para toda la semana. Incluso para toda la vida.
Sí, lo sé, suena raro, pero como no aparecíais...
¡Llevamos esperando por lo menos una hora!
¡Hasta nos ha dado tiempo a arreglar el mundo!
¡Ya será menos! Arreglar el mundo no es cosa sencilla, al menos requiere levantarse del banco de vez en cuando. Y, seguramente vosotros no habéis movido el trasero ni un milímetro.
¡Eso es verdad!
Además, con lo debiluchos que sois, probablemente la única transformación mundial a vuestro alcance, es mover partículas subatómicas de aire.
Un poco de razón no te falta.
¡Cuándo os daréis cuenta! Las ideas, por sí mismas, son incapaces de cambiar nada. Ni siquiera pueden desplazar la mota de polvo más pequeña. Pero mi increíble musculatura… eso sí es un verdadero regalo divino, capaz de alterar el curso del universo entero si se lo propusiera. ¡Mira mis brazos, Locke! Esto no es filosofía barata.
¡No me lo puedo creer!
¿Qué? ¿Te refieres a mi asombrosa musculatura? Sabía que tarde o temprano alguien se enamoraría.
No, Calicles. No es eso.
Entonces, ¿de qué hablas? Porque si no es para resaltar los beneficios de mis pectorales, no puede ser tan importante.