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Nada más abrir los ojos,
ya empiezo a recordar.
Otra vez se repetirá,
un ciclo infinito de dolor.
No tengo claro si alguien escucha mis lamentos.
Si es que aún puedo gritar.
El viento silba con desdén,
y mis palabras de socorro,
pronto desaparecen.
Quién sabe dónde acabarán,
Ya escucho el batir de sus alas.
Ya viene otra vez ese maldito águila.
Zeus la cría con esmero.
Puntual como siempre. No falta a su cita.
Majestuosa e implacable.
Me observa atentamente.
En realidad somos viejos amigos.
Nada más abrir los ojos,
ya empiezo a recordar.
Otra vez se repetirá,
un ciclo infinito de dolor.
Sin duda siento el primer picotazo.
Y todos los demás.
Me arranca el hígado, como cada día.
Es un placer verla comer ... y un dolor.
No tiene prisa.
Solamente el cielo nos contempla una vez más,
quizás esperando una sorpresa
que nunca llegará,
porque mi castigo es eterno.
Cuando se sacia, el águila se marcha.
Y mi cuerpo comienza a regenerarse.
Soy un milagro perverso de la biología divina:
una eternidad de sufrimiento y cicatrización.
Mañana, sin duda, nos volveremos a ver.
Le di el fuego a los hombres
y recibí este tormento.
Castigado por Zeus.
Y encadenado a esta piedra.
Una piedra con memoria,
memoria de cada uno de mis huesos.
No me arrepiento.
Nada más abrir los ojos,
ya empiezo a recordar.
Otra vez se repetirá,
un ciclo infinito de dolor.
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