Una vida examinada es la única que vale la pena vivir. (470-399 a.C.)
Ahora bien, aunque todo sucediera tal como describes, amigo Rawls, de ello no se sigue necesariamente que la flauta deba ser para Locke ni, como alternativa, para cualquiera de nosotros.
Si te explicas un poco más, quizá entienda a qué te refieres.
¡Muy fácil! Si preguntamos a una cantidad indeterminada de personas sobre un asunto concreto, las respuestas obtenidas pueden ser muy diversas.
¡Eso es!
Pero, incluso si la norma fuera la unanimidad, no parece razonable considerar como opción más acertada aquellas ideas expresadas por la mayoría o las que provienen de un supuesto acuerdo alcanzado bajo un velo de ignorancia, sin evaluar cómo esa opinión mayoritaria se relaciona con la realidad o la verdad. ¿Me explico?
Creo que sé por dónde vas.
Diría que, en todas las ciencias que rodean a la humanidad, no es la opinión de muchos, sino la de uno solo o unos pocos, la que tomamos en cuenta.
Tienes razón.
La ciencia, como cualquier búsqueda del conocimiento, requiere corrección y debe ajustarse a la realidad de los hechos que describe. En este sentido, ni la opinión mayoritaria ni la abstracción de nuestra identidad son garantías de objetividad: si cierro los ojos y me aparto de todo prejuicio, ¿acaso mi juicio se volvería infalible? No. La verdad no surge del mero acto de ignorar lo que soy, sino del examen riguroso y del razonamiento sólido. Del mismo modo, aunque lográramos reunir a una multitud de personas, la suma de sus opiniones no nos acercaría a la verdad. La cantidad no suple la falta de conocimiento; solo la razón y la indagación crítica pueden guiarnos hacia el verdadero saber.
Nunca lo había pensado de esta manera, pero es cierto.
Por ejemplo, si queremos llegar a ser buenos intérpretes musicales, es lógico prestar atención a la opinión del especialista, del maestro que domina ese arte. Nadie pondría en duda que la instrucción adecuada es fundamental para desarrollar nuestras habilidades musicales.
¡Tal cual!
Ahora bien, si consideramos el ámbito de la justicia como una disciplina más, ¿por qué habríamos de proceder de manera distinta? No veo motivos para no aplicar el mismo criterio.
¿Qué criterio? ¿Preguntar a un músico?
¡No hombre! Deberíamos, del mismo modo, escuchar a quienes han dedicado su vida al estudio de esta ciencia, a aquellos que comprenden sus principios y fundamentos, y seguir su consejo.
¡Ya entiendo! Lo que pretendes es pasar ante nosotros como sabio repartidor de flautas y utilizar el viejo truco filosófico del argumento de autoridad para afirmar, con total rotundidad, que la flauta debería estar exclusivamente en tus manos. ¡Muy inteligente!
¡No, no es así! De hecho, si algo me distingue, no es la certeza de mi propio saber, sino la conciencia de mis limitaciones. Diría que, si poseo algún conocimiento, es precisamente este: saber que sé muy poco.
Sinceramente, creo que hablas con la boca pequeña.
Bueno, ahora que lo mencionas, respecto a esta flauta que ha suscitado un debate tan interesante, sí tengo una opinión que compartir con vosotros.