Imagina que, al cumplir dieciocho años, o cincenta y seis o la edad que prefieras, recibes una carta en la que se te comunica que, **por el mero hecho de ser ciudadano, tienes garantizado el acceso a una vivienda digna, una alimentación adecuada, atención sanitaria, educación, energía, movilidad básica y cultura.**


La carta podría decir algo así:


> **Estimada ciudadana, estimado ciudadano:**

> Hoy cumples dieciocho años y, con ellos, adquieres plenamente los derechos que te corresponden como miembro de esta sociedad. Desde este momento, puedes ejercer tu derecho al voto y participar activamente en esta frágil democracia que, entre todos, hemos construido. Queremos comunicarte algo que quizá todavía te resulte difícil de imaginar: **tu vida no dependerá de encontrar un empleo a partir de este momento**. No tendrás que buscar un trabajo para garantizar tu subsistencia, ni aceptar condiciones que no deseas por miedo a perder tu vivienda o a no poder satisfacer tus necesidades más básicas. Por primera vez en la historia, hemos conseguido que el derecho a vivir dignamente no dependa de la capacidad de cada persona para obtener ingresos mediante su trabajo. **Tu existencia está garantizada, con independencia de lo que decidas hacer con tu vida.**


> Por el mero hecho de ser ciudadano, tienes garantizado el acceso a una vivienda digna, alimentación suficiente, atención sanitaria, educación, energía, movilidad básica y cultura. **La inteligencia artificial (IA) y las nuevas tecnologías, nos proporcionan todos estos bienes y servicios de forma autónoma, sin que tengamos que trabajar ni hacer prácticamente nada para obtenerlos.** Estos servicios no constituyen una ayuda temporal, una recompensa ni una prestación condicionada a tu situación laboral. Son derechos y recursos que nadie puede retirarte por estar desempleado, enfermar, fracasar en un proyecto o decidir no trabajar. Al menos, si nada cambia, se me ocurre que podría imponerse un gobierno tiránico que quisiera martirizar al resto del mundo o, qué sé yo, cualquier otra situación similar. Pero no te preocupes, en principio, es una posibilidad remota. La humanidad está formada, en su mayoría, por buena gente. Tambien es cierto que los bienes que se te suministran deben ser utilizados con responsabilidad. No los malgastes o desperdicies.


> **Desde este momento, no tendrás que demostrar que mereces vivir.** No tendrás que justificar tu utilidad, competir por lo indispensable ni aceptar cualquier empleo para conservar tu casa o recibir atención médica. Si deseas trabajar, podrás hacerlo. Podrás emprender, investigar, cuidar, enseñar, crear, participar en proyectos colectivos o dedicarte a actividades que todavía no existen. También podrás cambiar de rumbo, tomarte un descanso o abandonar una ocupación que ya no tenga sentido para ti. La sociedad seguirá necesitando personas que asuman responsabilidades y desarrollen proyectos, pero **tu supervivencia no dependerá de que encuentres un lugar en el mercado laboral.**


> Además, **nadie puede decirte qué debes hacer con tu vida.** Pero tampoco podemos garantizarte que todas tus elecciones tengan éxito, que nunca te sientas perdido o que desaparezcan los conflictos y las dificultades. Lo que sí podemos garantizarte es que no tendrás que elegir entre trabajar en condiciones insoportables y quedar excluido de lo necesario para vivir. **Bienvenido a la edad adulta y a esta sociedad jsuta que hemos implementado. Ahora empieza la parte que nadie puede vivir por ti.**


**No se trata de una ayuda destinada a quienes han fracasado ni de una prestación provisional mientras encuentran empleo. Es un derecho inherente a la ciudadanía, una condición ordinaria de la vida en sociedad.**


Las máquinas producen prácticamente todos los bienes necesarios para vivir; los sistemas automatizados mantienen las infraestructuras y se ocupan de buena parte de las tareas materiales y asistenciales. Puedes trabajar, emprender, desarrollar tus propios proyectos o competir por bienes escasos, pero **tu supervivencia ya no depende de aceptar un empleo.**


El lunes por la mañana ya no suena el despertador. Nadie te espera en una oficina ni donde quieras que trabajes o estudies. Por primera vez, la pregunta **«¿qué quieres hacer con tu vida?» no significa «¿con qué vas a ganarte la vida?»**. Sin duda esto es una liberación.


> Al principio, quizá te despiertes desorientado, intentando alcanzar con la mano un despertador que ahora ya no suena. ¡No te preocuopes! Nos pasa a todos. Pronto dejarás de escuchar ese ring, ring.. que ahora solo está en tu cabeza. Descubrirás que en este momento no necesitas ninguna alarma y tu cuerpo terminará despertándote de manera natural y no por obligación. ¡Menuda época tan chula esta!


## La vieja promesa del tiempo liberado


En 1930, John Maynard Keynes imaginó que el progreso técnico permitiría a sus descendientes **trabajar unas quince horas semanales**. El problema económico —la lucha por cubrir las necesidades básicas— perdería centralidad y aparecería otro desafío: **aprender a usar la libertad**. Su ensayo [*Economic Possibilities for our Grandchildren*](https://www.econ.yale.edu/smith/econ116a/keynes1.pdf) no anunciaba el fin de toda actividad, sino el fin del trabajo como obligación dominante. Mola, ¿no?


Bertrand Russell defendió poco después una idea semejante en [«In Praise of Idleness»](https://harpers.org/archive/1932/10/in-praise-of-idleness/). Si la técnica permite producir lo necesario con menos esfuerzo, **¿qué sentido tiene que unas personas trabajen jornadas interminables mientras otras carecen de empleo?** Reducir la jornada laboral permitiría repartir mejor el trabajo disponible y, al mismo tiempo, liberar tiempo para disfrutar de la vida. El ocio, sostenía Russell, no es solo descanso para volver a producir. Puede ser el espacio de la conversación, el juego, el aprendizaje, el arte, la participación pública y la curiosidad.


**En los años sesenta, cuando los ordenadores comenzaron a transformar la economía, aquellas predicciones parecían cada vez más cercanas.** En 1965, la revista *TIME* publicó un artículo titulado «The Cybernated Generation», en el que recogía las previsiones de distintos expertos sobre el impacto de la automatización. El economista Joseph Froomkin, de IBM, consideraba que las máquinas podrían permitir alcanzar una jornada laboral de apenas veinte horas semanales. Otros pronosticaban una transformación todavía más radical: una sociedad en la que solo una pequeña parte de la población tendría que trabajar para producir los bienes y servicios necesarios.


En 1967, los investigadores Herman Kahn y Anthony J. Wiener publicaron [*The Year 2000: A Framework for Speculation on the Next Thirty-Three Years*](https://search.worldcat.org/es/title/The-year-2000-a-framework-for-speculation-on-the-next-thirty-three-years/oclc/600014550?utm_source=chatgpt.com). En él imaginaron una sociedad posindustrial en la que, llegado el año 2000, las personas podrían trabajar cuatro días a la semana, siete horas y media al día, disfrutar de trece semanas de vacaciones y disponer de más de doscientos días libres al año. **El problema del futuro ya no sería encontrar tiempo para descansar, sino descubrir qué hacer con tanto tiempo disponible.**


## Cual es la realidad de lo que ha pasado


**Aquellas predicciones no se cumplieron tal y como como sus autores imaginaron.** La productividad aumentó extraordinariamente, pero el trabajo remunerado continuó ocupando un lugar central en nuestras vidas. Las máquinas multiplicaron nuestra capacidad de producir, aunque no eliminaron la necesidad de encontrar un empleo para garantizar nuestra subsistencia.


La productividad ha crecido enormemente desde entonces, pero **el tiempo liberado no se ha traducido en una reducción de la jornada laboral como esperaban**. A medida que la tecnología ha permitido satisfacer las necesidades existentes con menos esfuerzo, han surgido otras nuevas, y con ellas, nuevas actividades económicas y formas de trabajo. En lugar de trabajar menos para satisfacer las mismas necesidades, **hemos seguido trabajando para satisfacer otras nuevas.**


Pero ahora, con la irrupción de la inteligencia artificial y su creciente capacidad para realizar tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas, la cuestión vuelve a plantearse con una fuerza inédita: **¿seguiremos creando nuevas necesidades que nos obliguen a trabajar o aprovecharemos esta vez el progreso tecnológico para liberar tiempo y decidir qué queremos hacer con nuestras vidas, al margen de un desarrollo profesional muy exigente?**


## En un escenario como este, ¿qué ocurriría con valoraciones como el mérito?


Hoy el ingreso suele presentarse como recompensa al esfuerzo, aunque en realidad también depende de **herencias, talento, suerte, educación, contactos, demanda y poder de negociación**. El empleo mezcla dos ideas distintas: **contribuir y merecer**. Quien recibe un salario parece haber aportado algo; quien carece de él debe demostrar continuamente que merece ayuda.


En nuestro escenario ideal, **todos reciben lo necesario sin examen moral**. Aunque esto parece no eliminar el mérito del todo; limita su alcance. Una persona puede merecer reconocimiento por una investigación, una obra musical o años cuidando un bosque. Lo que ya no puede sostenerse es que ese mérito determine quién tiene derecho a recibir tratamiento médico o una vivienda habitable.


Probablemente seguirían existiendo premios, reputaciones y bienes adicionales. Algunas personas trabajarían para obtenerlos. Otras asumirían proyectos difíciles porque valoran el dominio de una práctica o el reconocimiento de sus iguales. **La competencia podría intensificarse precisamente porque nadie compite por sobrevivir**, liberada de la necesidad, se desplazaría hacia el estatus.


**El peligro sería construir una nueva aristocracia moral.** Quienes elijan proyectos visibles podrían considerarse superiores a quienes dediquen el tiempo a pasear, jugar o mantener relaciones. La antigua distinción entre trabajador y «ocioso» reaparecería como distinción entre vidas productivas e improductivas. La sociedad habría garantizado los recursos, pero seguiría exigiendo que cada existencia justificase su utilidad.


Además, si quienes decidieran trabajar más, emprender o asumir mayores responsabilidades obtuvieran ventajas materiales o sociales, podrían surgir nuevas desigualdades. Algunos considerarían injusto que unos disfrutaran de más recursos que otros, incluso cuando todos tuvieran garantizadas sus necesidades fundamentales. Pero **¿qué importancia tendrían esas diferencias si nadie careciera de vivienda, alimentación, atención sanitaria o acceso a la cultura? ¿Qué importancia tienen las diferencias si ya no hay pobreza?**


## ¿Qué hay de la vida buena?


Otras preguntas salen al paso. Si las máquinas llegaran a satisfacer nuestras necesidades materiales, **¿a qué dedicaríamos nuestro tiempo? ¿Qué haríamos con una libertad que, hasta ahora, ha estado condicionada por la necesidad de ganarnos la vida?**


**La alternativa al trabajo obligatorio no sería necesariamente el ocio**, como tantas veces se sugiere. El ser humano no es únicamente un consumidor de bienes y servicios, sino también un ser creador, curioso y transformador. Nuestra relación con el mundo no se limita a satisfacer necesidades: buscamos comprender la naturaleza, modificar nuestro entorno, resolver problemas, construir cosas nuevas y explorar posibilidades que antes ni siquiera imaginábamos. Nada indica que ese impulso vaya a desaparecer cuando dejemos de necesitar un empleo para sobrevivir. Al contrario, liberados de las exigencias económicas más inmediatas, podríamos dedicar más tiempo a actividades que hoy emprendemos por vocación, curiosidad o simple placer de realizarlas.


Pero hay una cuestión todavía más profunda. **Garantizar las necesidades materiales no equivale a resolver el problema de cómo debemos vivir.** Una sociedad capaz de proporcionar vivienda, alimentación, atención sanitaria, educación y acceso a la cultura habría superado algunas de las limitaciones más importantes que han condicionado la existencia humana, pero no habría respondido por ello a la pregunta de qué constituye una buena vida.


Podríamos vivir sin miedo a perder nuestro hogar o a quedarnos sin alimentos y, sin embargo, seguir preguntándonos qué merece la pena hacer con nuestro tiempo, qué relaciones queremos cultivar, qué responsabilidades tenemos hacia los demás o qué sentido damos a nuestra existencia. La seguridad material no elimina la soledad, los conflictos personales, la incertidumbre, el sufrimiento ni la necesidad de encontrar un propósito. Tampoco resuelve las preguntas sobre la justicia, la libertad o acerca de la realidad y la belleza.


De hecho, **cuanto menos tiempo y esfuerzo necesitáramos dedicar a garantizar nuestra supervivencia, más espacio podrían ocupar estas preguntas en nuestras vidas**. Durante siglos, buena parte de la existencia humana ha estado organizada alrededor de la necesidad de trabajar para vivir. Si esa obligación desapareciera, tendríamos que decidir con mayor libertad qué hacer con nuestro tiempo, pero también asumir una responsabilidad que hasta entonces había quedado parcialmente oculta tras las exigencias de la supervivencia: **la de elegir cómo queremos y debemos vivir.**


## Fuentes y lecturas


Keynes, John Maynard. [*Economic Possibilities for our Grandchildren*](https://www.econ.yale.edu/smith/econ116a/keynes1.pdf), 1930.


Russell, Bertrand. [«In Praise of Idleness»](https://harpers.org/archive/1932/10/in-praise-of-idleness/), 1932.


Organización Internacional del Trabajo. [*Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure*](https://www.ilo.org/publications/generative-ai-and-jobs-refined-global-index-occupational-exposure), 2025.


Fondo Monetario Internacional. [*Gen-AI: Artificial Intelligence and the Future of Work*](https://www.imf.org/-/media/files/publications/sdn/2024/english/sdnea2024001.pdf), 2024.


Crafts, Nicholas. [«The 15-Hour Week: Keynes’s Prediction Revisited»](https://wrap.warwick.ac.uk/168147/1/WRAP-The-15%E2%80%90hour-week-Keynes%27s-prediction-revisited-Crafts-2022.pdf), 2022.