Lo que en realidad discute Cohen, es esa idea tan ultimamente de moda, donde aparece en la escena una persona de carácter "igualitario" defendiendo que tambien pueden comer langosta y que su posición ideológica, no es contradictoria con viajar en primera clase, o tener un chalet de lujo. ¿Tú qué piensas?
Hay preguntas filosóficas que parecen sencillas hasta que se dirigen contra quien las formula. Gerald A. Cohen planteó una de las más incómodas para la tradición igualitaria: **si defendemos una sociedad más igualitaria, ¿hasta qué punto estamos obligados a vivir de acuerdo con esos principios en nuestra propia vida?**
La cuestión da título a uno de sus libros más conocidos, *If You're an Egalitarian, How Come You're So Rich?*, publicado en 2000. Pero la provocación del título no debe entenderse simplemente como una acusación contra las personas ricas que se consideran "igualitarias". El problema que plantea Cohen es más profundo: **¿qué relación existe entre los principios de justicia que exigimos a las instituciones y las decisiones que tomamos como individuos?**
Cohen fue un filósofo político marxista analítico y uno de los principales representantes del llamado marxismo analítico, corriente que intentó reconstruir los argumentos de Marx utilizando herramientas de la filosofía analítica y de la teoría de la elección racional. Sin embargo, su posición no se limita al marxismo: también desarrolló una defensa igualitaria de la justicia, cercana en algunos aspectos al igualitarismo de recursos, aunque crítica de las teorías que reducen la igualdad a una cuestión exclusivamente institucional. Para Cohen, los principios igualitarios no deben aplicarse únicamente al Estado, sino también a las decisiones personales y a la cultura moral de los individuos. Por eso su crítica se dirige tanto al capitalismo y a las desigualdades estructurales como a los igualitarios que defienden la igualdad en abstracto, pero conservan para sí un nivel de riqueza muy superior al de los demás.
Cohen enfoca su análisis en los igualitarios con ingresos elevados que sostienen simultáneamente tres afirmaciones: **Afirman creer en la igualdad**. **Son ricos** (no donan una parte significativa de su dinero excedente). **Creen que su conducta no viola sus principios morales**. Para ello examina detalladamente las distintas explicaciones que ofrecen los igualitarios ricos para no donar su excedente económico:
## **El argumento de "la gota en el océano":**
Sostiene que una donación individual no logra una diferencia en la estructura global. Cohen responde diferenciando entre dos tipos de igualitarismo: los *igualitarios relacionales* (enfocados en la relación comparativa entre personas) y los *igualitarios prioritarios* (enfocados en mejorar la situación de los que están peor). Para un prioritario, beneficiar significativamente a un grupo concreto de personas no es "despreciable" en términos de importancia moral, aun si representa un porcentaje pequeño respecto al total.
## **La postura estado-céntrica (Dworkin):**
Ronald Dworkin plantea que el deber de igualdad rige la relación entre el Estado y sus ciudadanos para evitar la tiranía, sin que exista un deber análogo de redistribución entre particulares. Cohen cuestiona esto señalando que la norma de igualdad distributiva tiene un valor moral independiente de la existencia o autoridad de un gobierno. Desde esta perspectiva, una vez que existen impuestos y políticas públicas justas, la obligación principal de redistribuir corresponde al Estado, porque solo este puede establecer reglas generales, aplicables a todos y legitimadas democráticamente. Dworkin desconfía de convertir la moral privada en una especie de sistema fiscal informal: no habría un criterio claro para decidir cuánto debe donar cada persona, a quién debe ayudar o cuándo ha cumplido suficientemente con su deber. Por ejemplo, una persona que considera justa la distribución de la riqueza tiene razones para apoyar reformas fiscales que permitan corregirla, pero no está necesariamente obligada a donar voluntariamente sus ingresos hasta alcanzar el nivel económico que tendría en una sociedad igualitaria.
## **El argumento de la injusticia de poder (Marxismo):**
Sostiene que la donación privada es irrelevante porque la injusticia primordial es la desigual distribución del poder. Cohen réplica distinguiendo entre la fundamentalidad **causal** (el poder genera la brecha) y la **normativa** (la desigualdad de ingresos es la injusticia que priva a las personas de disfrutar de las cosas buenas de la vida)
## **Un punto culminante de la obra es la respuesta a Thomas Nagel**
Imaginemos a Clara, una mujer que gana 200.000 euros al año y defiende con entusiasmo una sociedad más igualitaria. En sus discursos sostiene que el Estado debería subir los impuestos a las rentas más altas y redistribuir mejor la riqueza. Sin embargo, mientras espera que llegue esa reforma, Clara sigue viviendo con todos sus lujos: conserva su gran casa, viaja en primera clase y no dona una parte importante de sus ingresos. Un día, alguien le pregunta:
—Si crees que los ricos deben contribuir más, ¿por qué no empiezas tú?
Clara responde que una donación individual apenas cambiaría nada y que la verdadera responsabilidad corresponde al Estado. Pero Cohen no queda convencido. Para él, defender la igualdad no es solo pedir leyes más justas: también implica preguntarse qué hacemos personalmente con aquello que nos sobra.
**Nagel, en cambio, considera que no podemos exigir a los individuos los mismos sacrificios que pueden imponerse legítimamente mediante las instituciones.** Nagel, invita a examinar con más cuidado la diferencia entre las obligaciones de las instituciones y las de los individuos. Aunque las personas tengan responsabilidades morales hacia los demás, no está claro que deban aplicar a sus decisiones particulares los mismos principios de justicia distributiva que deberían regir las instituciones. Además, para Nagel, la redistribución voluntaria plantea decisiones personales difíciles y continuas: ¿cuánto debería donar cada persona?, ¿a quién debería ayudar?, ¿cuánto puede reservarse para sus propios proyectos y necesidades? Si cada individuo tuviera que resolver constantemente estas cuestiones, la justicia podría convertirse en una exigencia moral que condicionara prácticamente todas sus decisiones económicas. Un sistema fiscal justo, en cambio, establece obligaciones comunes para todos, de acuerdo con reglas públicas, y permite que cada persona disponga del resto de sus recursos sin tener que cuestionarse continuamente si debería sacrificarlos en favor de los demás.
Cohen desmonta esta justificación introduciendo la distinción entre **costo** y **dificultad**:
* **Costo:** Es lo que el individuo pierde o sacrifica (el dinero retenido).
* **Dificultad:** Es la complejidad o esfuerzo mental que exige tomar la decisión.
Cohen responde que la dificultad de tomar decisiones constantes sobre cuánto donar puede reducirse considerablemente mediante **mecanismos de automatización**, como establecer una transferencia bancaria periódica. Para ilustrarlo, recurre a una analogía: no es lo mismo amputar una pierna manualmente con un cuchillo que hacerlo pulsando un botón que activa una sierra eléctrica. Aunque el resultado sea el mismo, el esfuerzo psicológico que exige cada acción es muy diferente. Del mismo modo, una persona puede decidir una sola vez qué parte de sus ingresos desea donar y automatizar los pagos, sin tener que enfrentarse continuamente a nuevas decisiones. Si el sacrificio económico es el mismo tanto cuando el Estado recauda ese dinero mediante impuestos como cuando el individuo lo dona voluntariamente, la carga psicológica de decidir cómo redistribuirlo pierde fuerza como argumento para justificar la falta de compromiso personal con la igualdad.