![Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos, lámina 43 de Los Caprichos, 1797-1799. Aguafuerte y aguatinta. Reproducción de dominio público.](/goya-capricho-43.jpg)


*Francisco de Goya, **El sueño de la razón produce monstruos**, lámina 43 de* Los Caprichos, *1797-1799. Aguafuerte y aguatinta. Reproducción de dominio público; procedencia digital: Wikimedia Commons.*


## Lo que aparece cuando el rostro desaparece


Un hombre se ha vencido sobre una mesa. No vemos su rostro: la cabeza descansa entre los brazos y el cuerpo, aún sentado, parece haberse retirado de la escena. Sobre el frente del mueble se lee la frase que da título a la estampa. Detrás se acumulan lechuzas y murciélagos; un animal de ojos abiertos, semejante a un lince o un gato, permanece junto a la silla. La oscuridad no ocupa un fondo remoto. Se acerca, rodea al durmiente y casi sale hacia quien contempla.


Eso es lo visible. También puede constatarse que Francisco de Goya realizó la imagen entre 1797 y 1799 y la publicó como la lámina 43 de las ochenta que componen *Los Caprichos*. La técnica combina aguafuerte y aguatinta, capaz de producir la extensa zona gris de la noche y, dentro de ella, distintos grados de aparición. La estampa no ilustra un monstruo concreto: muestra el proceso por el que una multitud indeterminada adquiere presencia cuando la conciencia que debería discriminar parece haberse suspendido.


La tentación inmediata consiste en traducir la imagen a una consigna: donde la razón duerme, avanzan la superstición, la ignorancia y el miedo. Esta lectura encaja con el impulso crítico de *Los Caprichos*, dirigidos contra errores y abusos de la sociedad de su tiempo. Pero la obra es más inquietante que ese lema. No coloca simplemente la razón a un lado y los monstruos al otro. Los monstruos nacen alrededor de un hombre que trabaja con imágenes; algunas lechuzas parecen acercarle útiles de dibujo. La amenaza y la creación comparten la misma noche.


## «Sueño»: suspensión y producción


La palabra española *sueño* conserva una ambigüedad que se pierde cuando elegimos demasiado pronto entre dormir y soñar. Puede nombrar la interrupción de la vigilia, pero también la actividad imaginativa que ocurre durante esa interrupción. Según la primera lectura, la razón está ausente y los monstruos aprovechan el vacío. Según la segunda, la propia razón sueña y participa en la producción de aquello que la asedia.


La diferencia importa filosóficamente. Si el mal procede solo de la falta de razón, bastaría con despertar: más conocimiento, más crítica, más educación. Si también puede haber monstruos racionalmente construidos —clasificaciones que deshumanizan, administraciones eficaces al servicio de fines injustos, técnicas que aumentan el poder sin examinar para qué—, la vigilancia crítica debe dirigirse asimismo hacia los usos de la razón. La racionalidad no garantiza por sí sola la bondad de sus fines.


Sin embargo, convertir a Goya en profeta de una condena total de la Ilustración fuerza la estampa en sentido contrario. Una explicación manuscrita vinculada a la serie aclara la relación: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles; unida con ella es madre de las artes». Lo decisivo no es elegir una facultad y desconfiar de la otra, sino atender al verbo *abandonar*. El desastre empieza en la separación.


Esta no es una conciliación cómoda entre dos extremos equivalentes. La imaginación sin contraste puede poblar el mundo de entidades inexistentes y someter la conducta a ellas; la razón sin imaginación puede calcular impecablemente dentro de un marco que nunca cuestiona. No fallan de la misma manera. Pero ninguna basta para una vida lúcida: una descubre posibilidades y da figura a lo que todavía carece de nombre; la otra distingue, compara, exige pruebas y limita la pretensión de esas figuras de pasar por hechos.


## Una imagen contra la lectura automática


La composición obliga a experimentar esa relación. La inscripción parece ofrecer una explicación, pero los animales impiden que la frase funcione como una moraleja cerrada. Las lechuzas pueden evocar sabiduría, necedad o criaturas nocturnas; los murciélagos forman una masa más abstracta y amenazante; el animal junto a la silla mira con una lucidez que el humano ha perdido. Nada lleva una etiqueta estable. Para comprender la estampa necesitamos imaginar relaciones entre esos elementos, y después someter nuestras asociaciones a lo que efectivamente vemos y a lo que está documentado.


La obra nos hace practicar aquello que afirma. Una interpretación puramente literal queda corta, porque una bandada real no explica el sentido de la escena. Una asociación completamente libre tampoco sirve, porque podría imponer cualquier simbolismo sin apoyo visual o histórico. Mirar bien exige un movimiento de ida y vuelta: la imagen despierta hipótesis y la atención las corrige.


Por eso Goya no presenta la razón como una luz exterior que elimina de inmediato toda sombra. El aguatinta permite que las figuras emerjan de una gradación oscura, como si la conciencia crítica no pudiera situarse fuera de aquello que examina. Quien razona también teme, desea, recuerda y fabula. La cuestión no es purificar la mente de esas fuerzas, sino impedir que gobiernen sin ser reconocidas.


## Los límites de una promesa ilustrada


La Ilustración confió en que la crítica racional podía liberar a las personas de autoridades infundadas. La estampa conserva esa confianza: el sueño de la razón deja el campo abierto a potencias que no justifican su dominio. Pero también señala un límite interno. Despertar no equivale a alcanzar una transparencia completa. El sujeto que debería dominar la escena oculta el rostro; no hay una mirada soberana desde la que todo resulte claro.


Una defensa fuerte de la razón puede objetar que hablar de sus monstruos confunde dos cosas. Si una burocracia persigue fines crueles o una técnica sirve a la dominación, el problema no sería la razón, sino las premisas morales y políticas que orientan su uso. La objeción acierta al impedir que llamemos irracional a todo resultado que rechazamos. Un procedimiento puede ser instrumentalmente racional y normativamente injusto; distinguir ambos planos evita una crítica vaga de la modernidad.


Pero esa respuesta no absuelve a la razón. Obliga a ampliar lo que entendemos por ella. Razonar no es solo escoger medios eficaces: incluye examinar los fines, preguntar quién soporta los costes, reconocer qué se ha dejado fuera del cálculo y aceptar la revisión pública. Cuando la racionalidad se reduce a eficacia, no está ausente; está empobrecida. El monstruo puede nacer de ese estrechamiento.


La imaginación cumple entonces una función crítica. Hace visibles consecuencias aún no consumadas, permite adoptar perspectivas ajenas y representa sufrimientos que una tabla puede registrar sin comprender. También puede engañar, desde luego. Precisamente por eso necesita pruebas y discusión. Goya no pide entregar el gobierno a la fantasía, sino impedir que la razón se vuelva incapaz de imaginar aquello que sus categorías excluyen.


## El monstruo no está solo fuera


Sería tranquilizador pensar que las criaturas pertenecen a una época vencida: supersticiones antiguas que el progreso habría disipado. La estampa no permite esa distancia. Los animales se aproximan desde detrás del durmiente, pero nacen en su espacio de trabajo. El peligro no llega únicamente desde un exterior inculto; acompaña a la actividad de producir representaciones.


Toda sociedad fabrica imágenes de aquello que teme. Algunas permiten reconocer un daño real; otras convierten a personas o grupos en amenazas imaginarias. La diferencia no puede establecerse suprimiendo la imaginación, porque incluso anticipar un riesgo exige figurarlo. Se establece contrastando evidencias, revisando analogías y preguntando qué acciones autoriza cada representación. Un monstruo político empieza a ser eficaz cuando deja de percibirse como una construcción y se trata como una descripción evidente del mundo.


Aquí reside la actualidad filosófica de la obra sin necesidad de convertirla en un comentario sobre un episodio contemporáneo concreto. Goya capta una estructura recurrente: abandonada por el examen, la fantasía confunde sus productos con realidades; privada de imaginación, la razón deja de reconocer los límites de su propio marco. El pensamiento crítico no consiste en permanecer eternamente despierto —una pretensión también monstruosa—, sino en saber regresar de las imágenes con capacidad para juzgarlas.


## Una vigilia incompleta


El hombre de la estampa todavía no ha despertado. Tampoco sabemos si las criaturas desaparecerán cuando lo haga. Quizá algunas sean errores que la luz disipará; quizá otras sean materiales de su obra, verdades sobre el miedo y la violencia que solo podían presentarse bajo formas fantásticas. La imagen mantiene abierta esa diferencia y nos obliga a no resolverla de antemano.


La lectura más sólida no es, por tanto, que Goya oponga la razón buena a la imaginación mala, ni que acuse a la razón de engendrar inevitablemente sus propios horrores. La inscripción histórica y la composición sostienen algo más preciso: los monstruos proliferan cuando se rompe la cooperación crítica entre ambas. La razón necesita a la imaginación para percibir lo posible y lo excluido; la imaginación necesita a la razón para no exigir obediencia a cada figura que produce.


La estampa no promete una mañana sin sombras. Propone una tarea menos grandiosa y más difícil: aprender a reconocer qué hay de visión y qué hay de delirio en las imágenes con las que pensamos. Al ocultar el rostro del durmiente, Goya deja libre un lugar incómodo. Podría ser el suyo, pero también el de cualquiera que crea estar contemplando los monstruos desde fuera.


## Fuentes


- [Art Institute of Chicago: ficha de *The Sleep of Reason Produces Monsters*, lámina 43 de *Los Caprichos*](https://www.artic.edu/artworks/44743/the-sleep-of-reason-produces-monsters-plate-43-from-los-caprichos). La institución fecha la estampa en 1797-1799, identifica la técnica y la declara de dominio público.

- [Museo Nacional del Prado: *The Sleep of Reason Produces Monsters*](https://www.museodelprado.es/en/the-collection/art-work/the-sleep-of-reason-produces-monsters/). Ficha institucional y comentario sobre la relación entre razón, fantasía y pesadilla.

- [Wikimedia Commons: reproducción incorporada y declaración de dominio público](https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Goya_-_Caprichos_(43).jpg).