SOBRE MÍ
Rafael Ruiz Muñoz
Escribo y leo para conocerme a mí mismo, como Sócrates, para comprender mejor el mundo y aprender, mediante la reflexión y el diálogo, a vivir bien.
Mi relación con la filosofía nace, ante todo, de la curiosidad. No tanto de la necesidad de encontrar respuestas definitivas como del deseo de comprender mejor los problemas que nos acompañan: qué podemos conocer, qué debemos hacer, qué significa vivir bien, cómo debemos organizarnos, qué podemos esperar de los demás y de nosotros mismos, o hasta qué punto nuestras ideas sobre la realidad, la justicia, la libertad o la verdad resisten cuando se enfrentan a otras perspectivas. En general, me lo paso bien con esta actividad.
No soy filósofo de nacimiento, ni vivo en la ciudad de la filosofía, ni he estudiado o trabajado en ámbitos especializados de esta disciplina. Mi relación con la filosofía se limita a los libros que he leído. Y, en general, soy bastante torpe. Muchas veces me cuesta seguir el hilo de los argumentos. De muchos de ellos —de casi todos— he olvidado en gran medida lo que decían. Lo que ha quedado es, más o menos, esa música de fondo que nos acompaña a todos: esas preguntas de siempre a las que nos acercamos incluso sin haber leído ningún libro de filosofía y la inercia de haber escuchado una y otra vez los mismos problemas y sus variaciones.
No me considero especialista en un ámbito concreto de la filosofía. Más bien, me interesan todos sus aspectos y problemas. Incluso cuando me pongo a pensar en uno de ellos, suele ocurrir que aparece otro a su lado y termino siguiendo su estela, olvidando aquello que estaba investigando o leyendo. Sinceramente, no tengo muy claro cómo podría haberme especializado en un área concreta, como hacen muchos profesores, que acaban convirtiéndose en expertos en un campo determinado. Claro que el precio que pago por esa curiosidad dispersa es tener un conocimiento bastante rudimentario de todos ellos. En realidad, sé muy poco o nada, como Sócrates, aunque Sócrates sabía más que los ratones colorados.
Esa curiosidad me ha llevado a interesarme por autores, tradiciones y problemas muy diferentes entre sí. No entiendo la filosofía como la adhesión a una escuela concreta ni como la defensa de una posición previamente elegida. Me interesa, precisamente, el contraste: descubrir qué puede enseñarnos una filosofía incluso cuando no compartimos sus conclusiones y tratar de comprender qué razones han llevado a otros a pensar de una manera distinta a la nuestra. Hay que hacer un gran esfuerzo por comprender lo mejor posible a quien piensa de forma diferente; no me cabe la menor duda.
Por eso considero especialmente importante recuperar una forma amable de discusión filosófica, sobre todo en nuestra vida cotidiana, cuando la filosofía se manifiesta principalmente en el ámbito político. Amable no significa superficial, complaciente ni carente de crítica. Una discusión puede ser rigurosa y exigente sin convertirse en una confrontación personal. Parto, además, de una convicción que recorre buena parte de este proyecto: nuestras posiciones rara vez agotan por sí solas la complejidad de los problemas. Incluso las perspectivas que pueden considerarse equivocadas contienen intuiciones, argumentos o preguntas que merecen ser comprendidos antes de ser rechazados.
Por otro lado, soy autor de dos libros cuya elaboración disfruté enormemente, en parte porque me parecen algo disruptivos. No pretendo afirmar que sean obras maestras ni nada parecido. Son, sencillamente, libros de filosofía diferentes. Están escritos en forma de diálogo y tienen cierto carácter anacrónico. En ellos, el tiempo parece no existir: filósofos de distintas épocas coexisten y conversan, en muchas ocasiones con cierta ironía.
En uno de ellos se discute acerca de la propiedad de una flauta, a partir del argumento expuesto por Amartya Sen sobre quién debe ser su propietario cuando tres niños se disputan el instrumento. En el otro, Tales de Mileto emprende un viaje hacia Atenas con la intención de salvar a Sócrates, que ha sido condenado a muerte. En el camino, otros filósofos se unen a esta empresa.